EL MITO DE GUALICHU

Representación de la figura del espíritu Gualichu

Ésta es la historia del mito de Gualichu, originado entre los primitivos pobladores de la Pampa y del que se derivan las profecías de la Argentina: 

Mucho tiempo atrás, los espíritus Soychu y Gualichu habitaban la eternidad del cielo. Un día, decidieron bajar a través de esa gran faja de estrellas que hoy conocemos como la Vía Láctea hasta llegar a la Pampa. Al ver que todo estaba cubierto por las aguas, soplaron con fuerza dejando al descubierto grandes superficies de tierra. A continuación, Soychu, que era el espíritu del Bien, modeló con barro diversas imágenes, algunas a semejanza de él mismo, es decir como los humanos, y otras que luego corresponderían a los animales. En una distracción de Soychu, Gualichu sopló sobre las figuras de barro y éstas cobraron vida. Así, de repente, hombres y animales se desparramaron por el mundo. Después, los hombres comenzaron a hablar. Esto último enfureció a Soychu, ya que el don del habla era exclusivo de los dioses. En medio de todo ese desorden, un ñandú intentó llegar al cielo subiendo por la Vía Láctea, pero Soychu reaccionó con rapidez. Lanzó sus boleadoras y logró atraparlo para devolverlo a la tierra. De ese suceso primordial quedaron las huellas en el cielo: las cuatro estrellas que forman la Cruz del Sur son los tres dedos del ñandú más su uña trasera; debajo, las dos estrellas Alfa y Beta del Centauro son las marcas de las boleadoras que Soychu lanzó al firmamento. Luego Soychu cortó con su hacha de piedra el camino hacia la Vía Láctea y dejó a Gualichu en la Tierra como castigo por su travesura, condenándolo a vivir entre los humanos hasta que pudiera corregir su error.

Desde ese momento, el propósito de Gualichu es acabar con la existencia de los hombres para que Soychu le permita retornar al cielo.