Las coincidencias en el ascenso del ciclo de la TRANSICIÓN

El dictamen para el Ascenso de la TRANSICIÓN es:

Los hombres se mirarán en espejos ajenos y no valorarán su propia imagen. Gualichu seducirá al Poder con extrañas formas de vida para que se las imponga al pueblo.

El primer Ascenso del ciclo de la TRANSICIÓN va de1823 a 1825. El 9 de diciembre de 1824 el Virrey de la Serna se rinde en los campos de Ayacucho y así culminan catorce años de luchas por la independencia en las colonias españolas de la América del Sud. Comienza ahora una nueva lucha por la organización de esas nuevas y frágiles patrias. El fin de todos los sufrimientos causados por la guerra da lugar a una nueva esperanza en el orden, la paz y el progreso. Será necesario crear las leyes, las instituciones, desarrollar las industrias, mejorar la educación. En la futura República Argentina, cada provincia lo hace de acuerdo a sus posibilidades, ya que la mayoría de ellas cuenta con pocos recursos materiales y humanos. Y Buenos Aires, a su acostumbrado estilo, trata de mantener el dominio de  la Aduana y su hegemonía sobre el resto del incipiente país. El ministro de gobierno Rivadavia plantea sus ideales: Paz, Civilización y Progreso. Para lograr los objetivos de expansión y engrandecimiento de la gran ciudad, en 1824 acude a un empréstito, cuyos fondos se destinarán a construir el puerto, obras sanitarias y establecer nuevos pueblos en la campaña. Del millón de libras, previas deducciones, sólo quedan 570.000, las que tampoco llegan en moneda efectiva, sino en pagarés contra comerciantes locales. Finalmente, ese dinero no se utiliza para los fines previstos, sino para financiar la guerra con el Brasil. Más de un siglo habrá de mantenerse esta deuda hasta terminar pagándose ocho veces su valor inicial. 

Empréstito con la Baring Brothers por un millón de libras esterlinas

Inscripción en el Obelisco de Buenos Aires alusiva a la ley de la Capital Federal de 1880

De 1879 a 1881 transcurre el segundo Ascenso de la TRANSICIÓN. La oligarquía mira hacia Europa y se deslumbra por las modas, por las noticias que vienen de Francia. Argentina se aleja con desconfianza de sus países hermanos, pensando que esa relación podría hacer peligrar su soberanía. Las clases altas y el gobierno se regodean en una soberbia que desprecia incluso a los Estados Unidos. El positivismo reina en las mentes con una inexorable la fe en el progreso y el porvenir de la nación. Así es el espíritu de esta generación liberal que preconiza el interés materialista, la libertad individual y la educación pública. Pero el liberalismo que se sustenta es económico y no político. 

Después de muchos años en el exterior, Alberdi llega en setiembre de 1879 y observa una Buenos Aires muy diferente. La pequeña aldea ha pasado a ser una ciudad de 300.000 habitantes con iluminación a gas, calles pavimentadas y grandes casas construidas por arquitectos italianos. Sin embargo, la pobreza ha aumentado, han disminuido las fuentes de trabajo y el comercio sufre la crisis económica y política. Para Alberdi al colonialismo español lo ha reemplazado el de Buenos Aires. Se han creado dos países: el Estado Metrópoli Buenos Aires y el país vasallo del interior. En 1879, el presidente Avellaneda proclama en el Congreso que la ciudad de Buenos Aires debe ser declarada capital de la República. La provincia se niega a entregar su gran ciudad y su gobernador Tejedor prepara un ejército de civiles y militares. Las tropas provinciales se atrincheran en el puente de Barracas, en las márgenes del Riachuelo. El 20 de junio 1880 se inicia el enfrentamiento que continúa hasta la madrugada siguiente. Las fuerzas nacionales resultan triunfantes. Se registran en total más de 4000 bajas que, en proporción a las fuerzas intervinientes, es la mayor pérdida humana de toda la historia argentina. Tejedor renuncia. A setenta años de su nacimiento, la República Argentina aún no ha encontrado el rumbo para llegar a ser una nación consolidada y en paz.

 

Lisandro de la Torre en el velorio de su compañero asesinado Enzo Bordabehere

El tercer Ascenso de la TRANSICIÓN va de 1934 a 1937. Las relaciones con el imperio inglés siguen prosperando a pesar de la crisis económica mundial. El Tratado de Londres del 2 de mayo de 1933 permite a Julio Roca hijo, actual vicepresidente de Argentina, consolidar las ventas de carne vacuna para que la clase terrateniente pueda seguir disfrutando de su nivel de vida y opulencia, todo eso logrado a costa de condiciones leoninas a favor de los ingleses y en menosprecio de la soberanía nacional. Hasta se llega a decir que la República Argentina, por su interdependencia recíproca y desde el punto de vista económico, es una parte integrante del Imperio Británico. Pero Lisandro de la Torre se opone desde el Congreso y aplica todo su empeño en desnudar ese convenio nefasto para el país. Sus enemigos intentarán asesinarlo en el Senado y su amigo Bordabehere morirá al interponerse entre él y la bala que pretendía acabar con su vida. Después, un nuevo fraude en la provincia de Buenos Aires hace perder las esperanzas de la Unión Cívica, mientras el gobierno permanece impasible. El presidente Justo se ve asediado por todos los que luchan por la democracia. Los de la Unión Cívica piden vigilancia militar en los comicios. De ese modo, la constante práctica del fraude electoral produce el desencanto y el desinterés de la mayoría de las clases medias. Jauretche, Dellepiane y unos pocos más se unen para luchar por un país con auténticas libertades civiles donde las palabras república y democracia no sean nada más que meros nombres decorativos y formales.

 

 

Menem y la Ferrari que le obsequió un empresario italiano

De 1991 a 1993 transcurre el cuarto Ascenso de la TRANSICIÓN. Luego de la precipitada renuncia de Alfonsín, Menem trata de recomponer la situación económica, atravesando una etapa de incertidumbre y confusión. Varios ministros de economía intentan resolver el caos económico, hasta que el ministro Cavallo recurre a una fórmula inaudita, tratándose de un gobierno peronista: establece una economía abierta y liberal, al estilo de Alsogaray, el eterno opositor del peronismo en el terreno económico. Florecerá entonces la vida light que produce el bajo valor del dólar que permite crear paraísos de objetos y viajes antes inalcanzables, algo semejante a lo sucedido catorce años atrás. Sí: ésta es una segunda “plata dulce” que endulza las almas y anestesia el sentido del ahorro y la previsión. Después, los dos líderes de los grandes partidos se reunen para sellar un pacto para sus propias conveniencias y a espaldas del pueblo, algo frecuente en la Argentina.

Una terrible bomba ha explotado en una embajada de Buenos Aires y entonces la Argentina sabe que ya no está fuera del caos del mundo, que ya no es más una nación privilegiada. Nunca más podrá decirse frente a las calamidades del mundo: “Yo, argentino”.

Alrededor del mausoleo de Rivadavia, prócer declarado por la historia oficial como “el más grande hombre civil de los argentinos”, se juntan jóvenes y niños abandonados a su suerte y drogados con pegamentos. Ninguno de ellos sabe que ahí, dentro de esos mármoles, están los huesos del que alguna vez soñó con un país moderno y europeo, un país culto y próspero. Muchos argentinos se preguntan cuál ha sido la razón que llevó al país a este presente de semejante deterioro y abandono, a esta tremenda degradación humana.