Retrato del virrey Melo de Portugal y Villena

 

 

 

 

 

 

 

 

Las coincidencias en la Euforia del ciclo de EVOLUCIÓN

El dictamen de la Euforia del ciclo de EVOLUCIÓN es:

Aunque Gualichu no se hará presente, el entusiasmo y optimismo impedirá que el Poder vea los peligros y dificultades que esconde el mañana. Se festejará una aparente prosperidad pero no todos la podrán disfrutar.

La primera Euforia del ciclo de EVOLUCIÓN corresponde a los años 1796 y 1797. El virrey Pedro de Melo y Portugal comienza a empedrar las calles de Buenos Aires y reglamenta el suministro del agua. Desde el Consulado, Manuel Belgrano busca el fomento de la agricultura y la industria para proteger las actividades nacionales, crea escuelas de náutica, de arquitectura, de dibujo y de matemáticas y propone la existencia de escuelas primarias gratuitas, otras para la enseñanza de diversos oficios y para la educación de las mujeres.

                  

Vista de Buenos Aires en 1855

La segunda va de 1855 a 1858. A través de su fortaleza económica, Buenos Aires busca doblegar a la Confederación. El puerto, la aduana y el primer ferrocarril son señales de esa nueva civilización que avanza. En ese sentido, Buenos Aires es considerada por algunos la París de la América del Sur, con alumbrado público a gas en sus calles y un flamante servicio telegráfico. En los siguientes años, las vías férreas se expanderán a regiones convenientes para los intereses del imperio inglés, aislando a otras zonas cada vez más pobres y desindustrializadas. Mientras tanto, bajo el mando de Urquiza, la Confederación deberá seguir luchando con sus exiguos recursos para sobrevivir sin los privilegios y ventajas de la ciudad portuaria. 

 

De 1910 a 1912 transcurre la tercera Euforia de la EVOLUCIÓN, cuando llega el Centenario de la Revolución de Mayo. Esta patria tiene ahora otros colores, otros sabores, otras lenguas, pero sus habitantes están unidos bajo el celeste y blanco de una misma bandera que entra en el corazón de los niños, a pesar de que no todos sus padres hablen la lengua española. Al Centenario vendrán poetas que le cantarán loas, vendrán otros líderes que quedarán asombrados por la gloria de Buenos Aires, por la inmensidad de la fértil Pampa. La infanta de España será recibida con infinitos honores. Para ahogar muchas protestas por la desigualdad social será necesario dictar el Estado de Sitio. Después, cada instante, cada anécdota, reverberará en las tertulias a lo largo de los años, reproduciendo aquellos sucesos casi tan memorables como las antiguas batallas.

 

Festejos del Centenario en 1910

"La Menesunda" de Marta Minujin en el Instituto Di Tella en 1965.

La cuarta Euforia de la EVOLUCIÓN corresponde al período entre 1965 y 1966. Durante esta última etapa del gobierno de Arturo Illía florecen nuevos emprendimientos que le dan otro color a estos años, en medio de una débil democracia que se tambalea a diario. La cultura, el arte, la ciencia, mundos ajenos al maquiavelismo político, se lo agradecerán. Son los años dorados del Di Tella, el instituto donde pensadores y artistas crean una nueva vanguardia con el carácter propio de los argentinos, pretendiendo incluso abarcar el sentir latinoamericano. Finalmente, el golpe de estado de Onganía acabará con este pequeño paraiso. El nuevo dictador construirá un mesiánico discurso, dándole a su nueva gestión el título de Revolución Argentina y proyectando un ambicioso plan de veinticuatro años en el que la casta militar encaminaría al país en el orden económico, social y político. Pero ese futuro no abarcaba a toda la sociedad. Onganía creyó ver en los intelectuales la sombra del enemigo marxista y, entonces, una violenta y grotesca escena se repitió, igual a la de años atrás en la rebelde Patagonia, cuando los peones habían atravesado un corredor humano entre los golpes de sus verdugos. Ahora, eran profesores y estudiantes quienes recibían los golpes del poder, un poder que denigraba la cultura, la ciencia, todo el conocimiento junto.

A partir de ese doloroso episodio, la República Argentina sufrió una profunda sangría de materia gris que desperdigó por el mundo una generación completa de intelectuales, científicos y docentes. Y ese vacío se hizo sentir en las siguientes décadas.

El mundo supo de esa ignominia y en muchos rincones se sintió vergüenza ajena.