Texto de la denominada "Ley de vientres" de la Asamblea del año XIII

 

 

 

 

 

 

Las coincidencias en la Euforia del ciclo del CONFLICTO

Para la Euforia del ciclo del CONFLICTO el dictamen es:

Gualichu alimentará al Poder con sueños de grandeza para que olvide lo que verdaderamente necesita el pueblo. Se emprenderán ambiciosos proyectos que no tomarán en cuenta la realidad que vive la gente.

La primera Euforia del CONFLICTO se desarrolla entre los años 1813 a 1816. La Asamblea del año 13 desea concretar sus grandes ideales. La precariedad de ese poder pretende legislar con ideas humanistas y de vanguardia, pero la aplastante realidad se lo impide. Uno de esos sueños es acabar con la esclavitud, el terrible flagelo que denigra a la condición humana. Buscando soslayarlo, se crea la Ley de vientres, que declara libres a los nacidos de esclavos a partir de ese momento. Otros, como Artigas, irán más allá de la búsqueda de la libertad y la independencia, anhelando justicia e igualdad para todos los habitantes, pero la estructura colonialista siempre está presente y domina el espíritu de la época. Depués, en Tucumán, la soberbia de Buenos Aires debe ceder para que gente de muchos lugares del territorio acuda hasta allí para afrontar la riesgosa y audaz misión de declarar la Independencia. Esa actitud implica una jugada muy difícil y peligrosa. Todos desean que las cosas cambien, pero los pueblos, sojuzgados antes por el poder español, lo están ahora por Buenos Aires, la nueva metrópoli colonial que, con su viejo estilo, mantiene el contrabando y los negocios a costa de la miseria que soporta el resto del territorio de la incipiente nación.

 

Daguerrotipo de Sarmiento en 1852

De 1869 a 1872 se extiende la segunda Euforia del CONFLICTO. Sarmiento ha nacido junto con la patria. Y junto con ella crecerá y padeciendo todas las calamidades, las pasiones y el caos que envuelven esos primeros años del nuevo país.  A lo largo de la niñez y la juventud comenzará crecer su obsesión por la cultura y la educación, palabras muy ajenas a esa época de anarquía y a ese lugar, ese espacio salvaje, exuberante, donde todo es barbarie al compararlo con el faro de Europa, su civilización y sus lenguas francesa e inglesa. Sarmiento añora un futuro donde aparezca la posibilidad de transferir a estas pampas toda esa cultura, aún a costa de la sangre de los bárbaros que para él son irrecuperables. Transcurren las siguientes décadas de su vida, en medio de la lucha despiadada de unitarios y federales. Después, en 1868, logra ser el presidente de Argentina y tiene en sus manos la posibilidad de concretar el sueño de un país europeo en América. La realidad de sus primeros años de gobierno mostrará dos facetas: por un lado pone en marcha la creación de cientos de escuelas, secundado por su ministro de Educación, Avellaneda. Por el otro, aprenderá que la cultura de las letras no siempre alcanza para lograr la perfección de una sociedad. Descubrirá que la barbarie no es sólo la que él ha visto representada en los gauchos y en los indios, sino también la falta de conocimiento de la medicina y de la sanidad, la falta de una política de estado para promover la higiene y la salud. Una terrible peste se ha desatado sobre la ciudad. Muchos huyen al campo, aún aquellos que deben asumir responsabilidades familiares o políticas. Con los años, Sarmiento comenzará a regular y ordenar sus pasiones y sus ansias de civilización y asimilará nuevas verdades aceptando que, a veces, la realidad es cruel, más allá de toda la cultura y sabiduría que un letrado pueda esgrimir. 

El presidente Alvear junto al príncipe de Saboya rumbo al Teatro Colón

La tercera Euforia del CONFLICTO corresponde a los años 1923 a 1927, durante la presidencia de Marcelo T.de Alvear. Yrigoyen, el viejo líder de la Unión Cívica ha decidido evitar que sus enemigos en el partido lo neutralicen y entonces elige como sucesor al aristócrata Alvear, llegado de Francia, quien asume la presidencia con toda la exuberancia que la época propone, tranquilizando a las clases altas que ven como una amenaza el avance de la “chusma” de Yrigoyen. Alvear mantendrá el delicado equilibrio entre la continuación de proyectos anteriores, favorecidos por el fin de la crisis de la guerra mundial y el contentamiento de la clase aristocrática. La ciudad capital despliega toda su pompa y exuberancia, en una era signada por la riqueza que aporta el campo en cereales y ganado. Pero esa riqueza no es para todos: allá en el norte, los antiguos y verdaderos dueños de la tierra chaqueña viven casi esclavizados en las plantaciones de algodón. Ahora, quienes les han arrebatado la tierra los obligan a trabajar en horribles condiciones de vida. Nuevos abusos provocan la protesta de la comunidad quom que, esperanzada en la voz de sus líderes que auguran un mesiánico y venturoso futuro, crerán ser inmunes a las balas de los Winchester y los Mauser. El 19 de julio de 1924, cinco mil tiros se disparan sobre la población de la colonia Napalpí. Doscientos hombres, mujeres y niños son masacrados. Luego, orejas y testículos de los muertos se exhiben como trofeos de caza en la comisaría de Quitilipi. En Buenos Aires, esos episodios no trastornan en lo más mínimo el diario acontecer de la gente, que cree estar viviendo una Era Dorada de la República Argentina.

 

Afiche de la película "Plata dulce" de 1982

De 1980 a 1983 transcurre la cuarta Euforia del CONFLICTO. Ésta es la era de la "plata dulce", es un momento ideal para vivir lo que nadie sabe si podrá repetirse en el futuro. Es un momento donde la República Argentina cree volver a esa bella época de apogeo del pasado, aquel “granero del mundo”, que ahora tiene una moneda que vale tanto como los verdes billetes del Norte. Después, llegará la insensata guerra de las islas Malvinas, donde los militares volverán a abusar de su poder y su autoridad sobre civiles transformados en soldados por el designio de las leyes, las mismas leyes que habían creado infiernos a lo largo de los siglos: primero con los indios, luego con los negros, después con los gauchos y finalmente con las más pobres y desamparados. El maltrato, las malas condiciones de abrigo y de alimentación son el pan de cada día para los de más abajo de la rígida pirámide militar, obligados a servir de desahogo a los bajos instintos de enfermos mentales con uniforme y grado. Aquel sagaz músico ha dicho: "No es cuestión de decir: animémonos y vayan". El gran escritor sentenciaba: "Estos militares de ahora no conocen el silbido de las balas. Cualquier civil del siglo pasado tuvo más experiencia en la guerra que ellos". El mundo sigue con atención los acontecimientos, porque ésta no es una guerra más: éste es un enfrentamiento directo entre el Norte, poderoso y autoritario, y el Sur, sumiso, pero a veces rebelde y con esperanza de vivir en un mundo mejor. ¿Acaso podrá ser el inicio de una calamidad mayor, de una guerra total, una tercera guerra mundial? El mundo está atento y también lo está la Iglesia que con premura manda a su jefe máximo para tratar de atemperar los ánimos. Ambición desmedida es la de esta pequeña patria: pisarle los pies a un gigante. No siempre David puede vencer a Goliat. Después llegará la derrota. Y el olvido. Y, para algunos, la sensación de que sólo se ha vivido un hecho deportivo. Otros conocerán, a través de amigos o parientes, que las guerras dejan huellas terribles e irreversibles.

 

Monumento a los caídos en la guerra de Malvinas