Las coincidencias en la Euforia del ciclo de la TRANSICIÓN

El dictamen para la Euforia del ciclo de la TRANSICIÓN es:

Gualichu sólo se dedicará a observar los efectos de sus acciones anteriores. El Poder asumirá las consecuencias de sus errores encarando la reconstrucción y tratando de soslayar los daños provocados

La primera Euforia del ciclo de la TRANSICIÓN corresponde a los años 1826 a 1828. El 6 de febrero de 1826 se dicta la ley de presidencia eligiéndose a Rivadavia para ocupar ese puesto. Éste decreta que Buenos Aires debe ser la capital del país, separada de la provincia. Facundo Quiroga, transformado en uno de los árbitros de la política nacional, se arma y levanta su insignia de “Religión o Muerte”. En los primeros meses de 1827, Córdoba, La Rioja, Santiago del Estero y San Juan desconocen a Rivadavia. Después, su enviado García firma la paz con el Brasil provocando una ola de protestas. Rivadavia renuncia. Ponsonby, el representante inglés, busca la manera de internacionalizar las aguas del Río de la Plata. En febrero de 1828 se concreta la paz definitiva en base a la independencia de la Banda Oriental, cuya nueva existencia como país “tapón” otorga la libre navegación del Río de la Plata, convertidas sus aguas en internacionales.

El 1º de diciembre de 1828 Juan Lavalle encabeza la revolución contra el gobierno de Dorrego, legítimamente elegido un año antes. Dorrego se retira a la campaña para reunir fuerzas, pero después, es traicionado por subalternos que lo apresan y lo envían a Buenos Aires. El cuerpo diplomático trata de mediar para salvar la vida, pero no lo consigue. Lavalle dirá: “La historia juzgará si el coronel Dorrego ha debido morir o no. Su muerte es el sacrificio mayor que puedo hacer en obsequio al pueblo de Buenos Aires enlutado por él”. La muerte de Dorrego será el comienzo de una larga era de venganzas y represalias en la historia de Argentina. Lavalle llevará hasta la tumba el remordimiento de ese hecho por el que ha asumido total responsabilidad. Muerto Dorrego, los gauchos y la gente humilde sienten la ausencia de su gran protector y hay muchas matanzas y represalias en la provincia a manos de los nuevos dueños del poder. 

 

Fusilamiento de Manuel Dorrego

Colocación de la piedra fundacional de la ciudad de La Plata en 1882

La segunda Euforia de la TRANSICIÓN va de 1882 a 1884. Después de tantas luchas e indecisiones, la nueva capital de la provincia se ha emplazado a diez leguas al Sur, ni tan lejos, ni tan cerca. Es casi una copia de Buenos Aires. La Plata es la Nueva Ciudad, expresión pura de la era positivista. Sus calles tienen un trazado especial, con diagonales y grupos de manzanas de a seis. Es el cúmulo de las ilusiones de una perfección a la que Buenos Aires ya no podría llegar. A La Plata llegarán cotidianamente en el tren funcionarios que ejecutarán sus ritos burocráticos y luego retornarán a Buenos Aires, dejando atrás la nocturna ciudad fantasma. Deberán pasar muchos años para que esta nueva urbe tenga su propia personalidad. Por el momento, todo en ella está construido para albergar una futura vida propia: la catedral, la casa de gobierno, sus grandes avenidas y sus parques. 

Ha llegado la Ley de Educación, la ley que busca encajar a todos en un mismo molde, donde la Historia Oficial deberá introducirse sin fisuras en los espíritus de los futuros ciudadanos, hijos de inmigrantes que tendrán para siempre en sus corazones los símbolos fatuos: el himno, la bandera, la escarapela, los próceres en el bronce inmortal. Eterna visión escolar que por generaciones y generaciones entrará en los corazones argentinos y se trasladará hasta el último suspiro en la vida de todo ciudadano. Así, padres y abuelos descendientes de la tercera clase de los barcos escucharan a sus hijos y nietos hablar de las epopeyas gloriosas de la Revolución de Mayo, de las épicas batallas de Belgrano, de San Martín y de la Magna Historia Argentina, el Gran Relato repetido hasta el cansancio:

¡Oíd mortales el grito sagrado: libertad, libertad, libertad!

 

 

 

Argentinos combatientes de la Segunda Guerra Mundial

De 1938 a 1940 se extiende la tercera Euforia de la TRANSICIÓN. Esta es la generación que busca un líder a quien obedecer, alguien que tranquilice los espíritus, que pueda hacer sentir seguro a cada jefe de familia que desea lo mejor para su mujer y sus hijos. Muchas calamidades han sucedido desde aquel día negro de 1929. El mundo ha arrastrado grandes pesares en esta terrible década. Ahora, han aparecido ciertas visiones que entusiasman a muchos en la vieja Europa. Todos tienen esperanzas en el Nuevo Orden. Aquí, en la Argentina, el poder de la espada quiere encaminar al país hacia un destino seguro y dominado. Habrá que dejar atrás muchas supuestas verdades republicanas y democráticas, sacrificándolas en aras de ese soñado Mundo Perfecto. De pronto, la invasión de los nazis en Polonia prologa el comienzo de tristes y dolorosos años. Aunque lejana a esos hechos, la Argentina no estará ajena al destino común. Otra vez, el país deberá decidir si se mantiene en la neutralidad o no. 

 

Atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina en 1994

La cuarta Euforia del ciclo de la TRANSICIÓN abarca los años 1994 a 1996. De acuerdo a lo conseguido en el pacto de los líderes de los dos grandes partidos, Menem es reelegido. La venta de las grandes posesiones del Estado, las empresas de  electricidad, de telefonía, los ferrocarriles, ha servido para crear este paraíso ficticio que hace olvidar por un instante el viejo problema de la deuda externa. El mundo se sacude por los malos manejos de la nueva globalidad financiera y todo tiembla, y tiembla la Argentina, sabiendo que ese pequeño paraíso pronto habrá de terminar.

Numerosas denuncias de corrupción de funcionarios no logran que los culpables sean juzgados ni condenados. Un atentado con una terrible bomba deja decenas de muertos en la Mutual Israelita, mostrando otra vez más que la Argentina ya no está lejos del caos del mundo moderno. En un accidente aéreo, el hijo del presidente muere en circunstancias dudosas que arrastrarán una interminable secuela de denuncias, sospechas y extrañas muertes de testigos. En una misteriosa explosión de un polvorín, se destruyen pruebas y documentación de la venta ilegal de armas a otro país sudamericano.

Primero había sido carne de cañón el indio, después el negro, luego el gaucho y finalmente los más pobres, los que no disponían de dinero o influencias para “acomodarse” o lograr la exención del Servicio Militar. En ese ámbito, la filosofía del machismo ocasionaba distintos niveles de riesgo, desde sufrimientos y vejaciones hasta la misma muerte. Era un campo  propicio para que algunos enfermos de sadismo pudieran desenvolver a sus anchas sus tendencias más aberrantes. Así ensuciaban la dignidad de los que elegían la vida militar con verdadera vocación de servicio a la Patria. Un día, los medios pueden mostrar por fin lo que siempre se ha pretendido esconder: el soldadito Carrasco, un nuevo Cristo crucificado, salvará con su calvario a muchos otros de la muerte y de las vejaciones habituales. Muchas madres respiran aliviadas, cuando Menem decide anular el Servicio Militar Obligatorio en la República Argentina.